LAS CITAS normalmente las describimos como algo lindo, con romance, conexión y mariposas en el estómago. Todo muyyy de película, pero sabemos que la realidad muchas veces es otra. A veces las citas no salen tan bien como esperábamos y lo único que dejan es una anécdota incómoda, momentos vergonzosos y ganas de fingir demencia cada vez que ves a esa persona, pero también dejan una nueva historia o chisme que contar. Siempre hablamos de las citas fallidas de los jóvenes, como si solo nosotros pudiéramos pasar vergüenza en el amor. Pero se nos olvida un pequeño detalle: que los adultos también tuvieron citas, incluso los profesores. Aunque hoy los veamos corrigiendo exámenes y poniendo muchísimas tareas, alguna vez también se sentaron frente a alguien pensando: “ojalá esto termine pronto.” Entonces la verdadera pregunta es, si nuestras citas ya son un desastre…. ¿Cómo habrán sido las peores citas de los profesores?
“Bueno, yo pienso que las citas siempre fueron divertidas. Lo triste era cuando la relación terminaba o alguien cometía una infidelidad. Pero en lo personal no recuerdo ninguna mala experiencia de una cita en mi adolescencia, lo que sí recuerdo es una cita de mi hija que podría contarte. Sabes esa típica frase de padre “No importa la hora ni el lugar, si algo pasa, llámame,” pues esa fue la primera y única vez que mi hija la usó. Ella salió a comer con su cita, estaban conversando, comiendo y disfrutando hasta que terminaron teniendo conversaciones más profundas y polémicas, al punto que él hizo un comentario tipo: ‘Las mujeres tienen la culpa de ser violadas por cómo se visten o se arreglan, ya que son provocativas.’ Al escuchar eso, mi hija recordó la frase que yo le decía y no dudó en llamarme en ese instante. Sin pensarlo, fui por ella y más nunca volvió a hablar con ese joven,” Mr Gibbons said.
“Cuando tenía más o menos 22 años, una chica de aproximadamente 19 años me invitó a salir, lo cual me pareció raro porque no es lo esperado siendo yo el hombre. Igualmente decidí aceptar la cita. Ella me recogió en su carro y, sin mentir, pasamos como cinco minutos sin siquiera hablar, solo sentados e incómodos. Decidí romper el silencio preguntando adónde iríamos, y ella me respondió que no lo sabía. Para ese tiempo me pareció súper raro, ¡ella fue la que me invitó y no sabe a dónde vamos?! Al final terminé dando la idea de ir a un restaurante y fuimos a Chick-fil-A. Allí terminamos hablando de relaciones y del amor, me di cuenta de que ella no sabía tratar con los chicos, así que terminé enseñándole cómo debe tratarlos. Después de esa noche, no la volví a ver, pero al menos pude dejarle esa enseñanza,” Profe Black said.
“La cita fue en un minigolf que solía estar cerca del Maverick y, honestamente, desde que llegamos sentí que algo no iba bien. Yo tenía 16 años y, al principio, sí quería salir con él, pero apenas vi el lugar empecé a arrepentirme porque no era nada como lo había imaginado. Traté de actuar normal y pasarla bien, pero todo se volvió incómodo muy rápido cuando, mientras jugábamos, me pegó sin querer en la parte de atrás del pie con el palo de golf. Me dolió bastante y, además, fue súper vergonzoso porque había más jóvenes alrededor. Después de eso ya no tenía ganas de seguir jugando ni de estar ahí, y cualquier emoción que tenía por la cita desapareció por completo. Al final, lo que se suponía que iba a ser una salida divertida terminó siendo una experiencia incómoda que ahora solo sirve como una mala cita más para contar,” Ms. Bri said.
“Una vez salí con un chico que me gustaba, pero al parecer también le gustaba a mi amiga, así que eso ya era un pequeño problema desde el principio. Estábamos en el cine viendo Up y él estaba enfermo, tosiendo cada dos segundos, y para colmo se sacaba los mocos en frente de nuestra comida. No podía creer lo que estaba pasando, yo tenía 18 y pensaba que ya estaba preparada para cualquier cita, pero esto me demostró que no lo estaba completamente. Entre la tos, los mocos y la película triste de Pixar, todo se volvió súper incómodo y no podía dejar de preguntarme cómo había llegado a estar ahí. Literal, esta fue una de esas citas a las que yo dije: ‘¿Esto es real?’ y luego solo corrí a contárselo a todos tus amigos para reírte un rato,” Ms Skoy said.
Las peores citas con profesores son toda una experiencia, muchas veces el lugar fue raro o no era lo que esperabas, otras veces la persona hace cosas que no tienen sentido o que te ponen incómodo y tú solo quieres que la cita termine rápido, pero también hay algo gracioso en todo eso porque después puedes contarlo y reírte de lo mal que salió, darte cuenta de que aunque seas adulto o adolescente nadie se salva de tener citas desastrosas y que siempre hay historias para recordar, muchas veces compartir con amigos porque aunque fueran horribles también sirven para aprender y para no cometer los mismos errores la próxima vez.